Las verduras polivalentes

Antes de empezar, quiero matizar algo. Le he dado vueltas a si debía decirlo o no, y he decidido que a partir de este mismo instante en los textos que os lleguen no pienso hacer ninguna matización de género. Es decir, no escribiré amigos y amigas o haré hincapié en el tan traído y llevado los, las.

No, que no, que me parece, con todo el respeto, una sandez como un piano.

Los que me conocéis sabéis que no soy sospechosa de misoginia ni nada parecido y los que no me conocéis, me permitiréis que por los años y la edad, pueda decir lo que pienso sin el temor de ser o no políticamente correcta. Es el privilegio de ser mayor. ¡Ja! Por supuesto sin ánimo de ofender al que opine lo contrario. No hay nada que más me guste que la diversidad, las ideas diferentes, porque me parece que todo lo nuevo, cuando se conoce, nos esponja, nos quita rigideces.

Así que dicho esto,  pasemos a lo nuestro, que me he puesto demasiado transcendente.
Hoy, siguiendo la línea de la sencillez, os propongo utilizar verduras. Así, como os lo digo.
Mi hijo Manuel es vegetariano y por esa razón, la nevera de casa parece una sucursal de la huerta murciana y en nuestra mesa siempre hay verdura, Bueno, pues qué bien, diréis. ¿Verduras sin más? No y no. Hay que darle salero al tema y de paso rentabilizar el tiempo y el producto.
Os lo explico: se trata de elegir y trocear puerros, judías verdes, calabacín, zanahorias, calabaza, brócoli, coliflor, pimientos, setas…… etc.etc. etc. ¡Ay, que os estoy viendo la cara! Quiero decir que escojáis las que os gusten o las que en ese momento estén en vuestra nevera. Jugando con los colores para que la fuente que llevéis a la mesa entre por los ojos, que sabemos que el ojo también trabaja. Bueno, venga, que me lío.
Una sartén, un buen chorro de aceite nuestro (otro día os contaré un secreto sobre los aceites, hoy no toca) y unos ajos sin pelar que luego retiraremos o no. Ahí, cada uno que elija. Pueden añadirse unas cayenas si gusta el picante, y… las verduras, bien partidas a la sartén, empezando por las más enteras . Hacedlo a fuego vivo porque se trata de que queden duritas, al dente, que dirían los italianos. Mezclad bien y con cuatro o cinco minutos están listas.
¿Y ya?. Pues no, ahora viene cuando la matan.
Esto tiene truco porque si hacéis una buena cantidad (ya que estáis puestos) podéis tenerlas preparadas en la nevera a la espera de servirlas en una fuente como primer plato o con una buena pasta, o como base de un pescado al horno, o mezcladas con un arroz basmati y un poquito de salsa de soja, o añadidas a un buen caldo como sopa con unos toques de parmesano, o como relleno en pasta de empanadillas. O…..  para posibles urgencias cuando los hijos se presentan en casa y pronuncian aquello de: ¡Madre, tengo un hambre…..! Porque con unos huevos fritos se convierten en manjar.
Ya veis cómo la sencillez sigue presente en nuestra vida. Pero no hay que olvidar lo más importante: un ratito en la cocina os permite hacer varios platos diferentes.
Y ya que hoy me he enrollado tanto, un ruego: me gustaría que participaseis, que diéseis vuestra opinión, porque así solita en el espacio me siento un poco rara, como si hablara sola, vamos.